Los astrónomos del Malecón descubrieron que COSMIS no fluía siempre igual. Llegaba en mareas largas, de varios meses, como si la galaxia respirara despacio.
Durante cada marea, la energía premiaba el esfuerzo: quien construía, investigaba, exploraba y combatía con ella en el aire dejaba una huella más brillante. Los comandantes empezaron a llamar a esos ciclos temporadas, y a llevar la cuenta de quién brillaba más en cada una.
Al terminar la marea, los nombres de los mejores quedaban grabados en las crónicas. Pero los mundos no se borraban. Las minas seguían en su sitio, las flotas en sus hangares y las alianzas en sus pactos. Solo empezaba una cuenta nueva, y con ella, una oportunidad nueva para todos.
Por eso los veteranos nunca se confían y los recién llegados nunca se rinden. Cada temporada es una carrera distinta, y en el espacio, como en la pelota, el juego no se acaba hasta el último out.